Surrealismo: las posibilidades creativas del sueño.
Al principio el surrealismo es un movimiento fundamentalmente literario, y hasta un poco más tarde no producirá grandes resultados en las artes plásticas.
Todo ello se articula alrededor de la ciudad de París, como escenario mágico que sirvió a los surrealistas de taller y lugar de inspiración. La mayoría de ellos llegaron a la ciudad de la luz tras las Primera Guerra Mundial, desarrollando su actividad más significativa entre 1919 y 1966.
El surrealismo exaltó las posibilidades creativas del sueño, la libertad para reivindicar lo cotidiano, el azar, la histeria y numerosas manifestaciones artísticas populares así como el compromiso político y la crítica a las autoridades impuestas, fueran del tipo que fueran. Algunos les criticaron y les tacharon de locos o excéntricos, pero otros muchos también aceptaron sus principios y su modo de actuar. En cualquier caso, el poso que dejaron fue profundo y fructífero, siempre abierto a una re-visión.
Las posibilidades de experimentación, como es el caso de la introducción del factor del azar en la fotografía; la sensación de realidad pese a ser una ficción, que produce una sensación errónea en nuestra mente con lo que se llega al inconsciente; y el alejamiento de las representaciones formales de la burguesía, algo que sin duda pretendía el movimiento revolucionario capitaneado por Bretón.
Es precisamente en el momento en el que la fotografía se despreocupa de su condición artística, desligándose de los planteamientos estéticos tradicionales, cuando adquiere un estatus creador, pero ahora es la fotografía una disciplina autónoma, así es que se convertirá en un medio de expresión para todos los creadores transgresores de los años veinte y treinta que son los afiliados al movimiento surrealista.
Lo que el surrealismo absorbió del modelo fotográfico fue fundamentalmente su modo de operar y proceder en imágenes mediante la articulación inconsciente de la realidad, para ello se sirvió de dos procedimientos: las fotografías manipuladas, o surrealismo técnico, y las que no fueron manipuladas, o surrealismo “encontrado”.
Man Ray


Con Duchamp participa en experimentos fotográficos y cinematográficos y en la publicación del número único de New York Dadá. Impulsado por Duchamp, Man Ray se mudó París en 1921, con la única excepción de 10 años (entre 1940 y 1951) que vivió en Hollywood durante la Segunda Guerra Mundial, pasó el resto de su vida allí.
Captó la atención con sus primeras fotos abstractas, a las que bautizó como rayogramas. Erróneamente se consideró inventor de la técnica aplicada para ello, que ya la habían experimentado otros artistas anteriormente, entre otros Talbot (hacia 1840) y - Schad (1918). Publicó 12 de sus rayogramas bajo el título "Champs delicieux".
Brassai
Se hizo famoso por sus imágenes de París. En sus inicios su carrera era la de un modesto reportero gráfico que se hizo más conocido al publicar escenas de la vida nocturna parisina, "Paris de noche", en 1933.
Algunos de sus trabajos más populares retrataban los cafés multitudinarios en París. Entre 1936 y 1963, Brassai ejerció como fotógrafo en el Harpers Bazaar. Fue íntimo amigo de Picasso, del que publicó numerosas fotografías suyas mientras trabajaba. Su obra fue publicada en la revista MINOTAURE.

“La noche sugiere, no enseña. La noche nos encuentra y nos sorprende por su extrañeza; ella libera en nosotros las fuerzas que, durante el día, son dominadas por la razón..." (Brassaï)
Henri Cartier-Bresson
“Más bien he sido “surrealizante”. Conocí muy bien a Bretón, Cree el, Hernista. Pero no amo la pintura surrealista. Es literatura. Magrita está lleno de astucias. ¡Es bueno para la publicidad!”
Para los surrealistas la fotografía equivalía en el plano de lo visual a lo que la escritura automática representaba para la poesía: la cámara hacía emerger el inconsciente escondido de la mirada. Para el zen, todo gesto artístico radicaba en el propio acto de ver. No se trataba tanto de "hacer" una fotografía como de "captarla": un fragmento de la realidad era identificado por un instante del espíritu, el acontecimiento quedaba colocado en mitad de la estética. El fotógrafo no era un cazador de imágenes sino un pescador de momentos: lanzaba el anzuelo a la espera de que el tiempo y la realidad picasen. Cartier-Bresson solía decir que él no tomaba fotografías, sino que por el contrario las fotografías le tomaban a él. Y cuando sintió la necesidad de legarnos un manifiesto, escribió este consejo: "Poner en el mismo punto de mira ojo, corazón y cerebro." Escatimó en cambio recordarnos que, además y por encima de todo, debíamos invocar, frotando suavemente nuestra cámara maravillosa, la aparición epifánica del genio.


André Kertész En 1927 realiza su primera exposición individual en al galería Au Sacre de Printemps. La serie Distorsiones, publicada en la revista Sourire, en al año 1933, y que se inicia como un mero encargo para renovar el género, se convierte en un punto y aparte en la fotografía surrealista.
En esta época desarrolla parte de sus trabajos más conocidos. Cuerpos desnudos distorsionados, imágenes reflejadas, así como escenas callejeras llenas de poesía, que influyen en Brassaï, aunque éste siempre negó que Kertész le enseñara a fotografiar la noche para su proyecto París de Noche.


Philippe Halsman
En 1949, la publicación de sus imágenes de saltos, una serie de fotos de grandes personalidades que saltaban por el aire delante de su cámara, tuvo un gran éxito. En esa serie, Halsman manifiesta su sentido del humor a la vez ingenioso y bromista, que impregnaría toda su producción fotográfica.
También tiene una gran importancia el elemento surrealista de sus trabajos enraizado, seguramente en su gran amistad con Salvador Dalí.
Halsman trabajó durante treinta años con Dalí en diversos proyectos en los que el fotógrafo transcribía las ideas del pintor, en el lenguaje de su propio medio artístico.




muzderauli muzderauli dijo
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12 Abril 2009 | 07:45 PM