Al nombre ausente
Ausencias se articula a partir de álbumes familiares.
Son instantáneas previas al golpe militar que capturan momentos felices: una excursión al campo, una boda, un encuentro. A su lado, otra, tomada en 2006, te hiela el corazón. Germano recrea la imagen antigua en los mismos escenarios, con los parientes y amigos que aparecían en ella en idéntica posición, pero con el espacio vacío de los que fueron borrados (incluyendo una fotografía suya con sus tres hermanos, aún niños, y la posterior que revela la ausencia de uno de ellos). Este material se complementa con una interesante proyección sobre cómo se gestó esta exposición imprescindible, tanto por su concepción artística como por su carga de compromiso y emotividad. Su espíritu queda condensado a la perfección en estas palabras de John Berger, que sirven de subtítulo a Ausencias: “El verdadero contenido de una fotografía es invisible, porque no se deriva de una relación con la forma, sino con el tiempo […]. Al mismo tiempo que registra lo que se ha visto, una foto, por su propia naturaleza, se refiere siempre a lo que no se ve. Lo que muestra invoca lo que no muestra, revela lo ausente igual que lo que está presente en ella”.

Partiendo de los álbumes familiares de muchos asesinados durante la dictadura argentina (1976-1983), el fotógrafo volvió 30 años después a la provincia norteña de Entre Ríos. Allí capturó, en el mismo sitio que se hizo la foto original, a los familiares de los asesinados. "Un día pensé que me hubiera gustado ver envejecer a las personas que asesinaron", cuenta Gustavo sobre la barra de bebidas de la inauguración. "Y de ahí nació la idea que empezó a materializarse hace dos años". En las fotografías actuales la ausencia del asesinado-desaparecido estremece.
Son retratos incompletos, y ahí reside su fuerza. Una inocente y cotidiana estampa familiar se convierte, 30 años después, en un desolador vacío. En una de las antiguas está el propio Guillermo junto a sus cuatro hermanos. En la nueva sólo hay tres. Falta Eduardo, al que el Ejército mató cuando tenía 18 años. Guillermo tenía 11. "Durante la preparación de la foto, tras localizar a las familias, había un ambiente normal. Pero en el momento de disparar con la cámara se hacía un silencio estremecedor", recuerda el fotógrafo.
Mientras Gustavo deambulaba por la inauguración, en el pasillo de abajo se oían guitarras. El músico argentino Ariel Rot lanzaba una mirada cómplice sobre el escenario al hombre que le enseñó a tocar, Claudio Gabis. A su lado y entre cerveza y cerveza, Andy Chango tocaba el piano. Un improvisado grupo de músicos argentinos llenó de rock la Casa de América para brindar por los ausentes y acompañar la exposición en el día de la inauguración.
"Durante la dictadura había temor, y mucho, en la calle", explicaba Ariel antes de subir a tocar. Con 16 años, el ex tequila llegó a Madrid con sus padres (él periodista influyente y ella cantante de música sefardí) exiliado por la dictadura. 
"Me emocioné mucho cuando vi las fotografías de Gustavo", recordaba Andy Chango, que fue el encargado de organizar el lado musical de la exposición. "A mí la dictadura me tocó de costado, pero todos tenemos amigos afectados directamente. El padre de mi primera novia murió asesinado y ella se despertaba llorando todas las noches". Sonaron clásicos del rock argentino como No pibe, compuesta por Claudio Gabis, de 58 años, cuando estaba al frente del grupo argentino Manal. También Jugo de tomate y Debajo del puente. El público, con las primeras filas sentados en el suelo, bailaba, cerraba los ojos y recordaba a los que no están.
© Diario EL PAÍS S.L. - Madrid [España] - 26/12/07



