La visión fotográfica I
Por: A. Becquer Casaballe
En general, se define como “plásticas” a todas las artes figurativas y bajo ese criterio se debería considerar a la fotografía. Sin embargo, el concepto de plástico alude más a la capacidad de modelar a la materia que a la de registrar o imprimir una imagen. De ahí que la definición más aceptable a nuestro entender, es el concepto más moderno de artes visuales, a las cuales podemos integrar la pintura, el dibujo, grabado y naturalmente a la fotografía.
En todas ellas la composición y el tema, junto a la técnica empleada, es lo que le otorgan originalidad y su carácter de obras, al margen de que sean únicas o reproducibles (las “grafías”).
Ordenar el plano visual, componer, sin embargo es diferente en fotografía porque mientras que en las artes plásticas se va construyendo la imagen por medio de líneas y de manchas de colores en sucesión, en la fotografía, en cambio, se “compone casi al mismo tiempo que aprieta el disparador” (H. Cartier-Bresson, “El instante decisivo”).
Un cuadro tiene un largo tiempo de ejecución. La fotografia se produce en fracciones de segundo, al margen de que el proceso de armado de una escena, como sucede en la fotografía de estudio y en determinados retratos, exista una pre-producción que insuma mucho tiempo.
Igualmente, la composición se aprecia en la imagen terminada y es decir, es el resultado de una serie de observaciones, decisiones y cuestiones aleatorias, incluso hasta de errores, que hacen que las cosas se muestren de una determinada forma.
Equilibrio
El equilibro es el descanso, la anulación de fuerzas que se destruyen. Esta es una necesidad natural del hombre para sostenerse sobre sus piernas, constituyéndose en una referencia muy fuerte, tanto en su aspecto físico como sicológico.
El equilibrio se plantea sobre dos ejes posibles, horizontal o vertical y, como lo dice R. Arnheim, “como un cuerpo físico, toda estructura visual finita posee un fulcro o centro de gravedad”.
Pero en una imagen, aunque no existen pesos reales, el volumen, color y dirección de los elementos aislados proporcionan ese peso. Una figura colocada en el centro del plano visual tiene un peso menor que si está colocada en alguno de los extremos de las diagonales. En la parte inferior resulta menos pesada que en la superior y a la derecha más que a la izquierda. Pero la parte inferior requiere un peso mayor, que estabiliza el conjunto del plano o mapa visual. Por su parte, los colores también tienen “peso”: el rojo más que el azul, y las superficies claras más que las oscuras.
También influye el grado de aislamiento de una figura en el peso de la misma: cuanto mayor es el aislamiento, el peso se acrecienta. La experiencia previa del observador tiene su influencia, de tal forma que un material dado que se representa en la imagen tiene un peso intrínseco. Una roca resulta pesada por su sola representación, porque sabemos por experiencia que es así.
Como las figuras no tienen todas el mismo “peso visual”, se debe establecer un equilibrio del conjunto. La figura humana, por pequeña que aparezca en la imagen, tiene un peso mayor que los objetos inanimados.
Arnheim señala que “la dirección, así como el peso, determina el equilibrio” y agrega que “el peso de todo elemento compositivo, ya sea una parte del mapa estructural oculto o un objeto visible, atraerá los objetos vecinos y les impondrá así una dirección”, y “la forma de los objetos pictóricos produce ejes que a su vez crean fuerzas dirigidas”. Los ejemplos citados por Arnheim son: “la forma de un brazo se orientará hacia la mano, y la rama de un árbol hacia su extremo”. Las miradas, en los retratos, generan “líneas visuales”, que son fuerzas orientadas.
“En toda obra de arte” dice Arnheim, todos esos factores “se apoyan o se oponen entre sí para lograr el equilibrio del conjunto: el peso que proporciona el color puede compensarse mediante el peso de la ubicación; la dirección que indique la forma puede equilibrarse por el desplazamiento hacia el centro de atracción”.
Las direcciones de las diagonales influyen en la asimetría, alterando el equilibrio: las diagonales del sector inferior izquierdo al superior derecho son ascendentes y del superior izquierdo al inferior derecho, descendentes. Esto se relaciona por el sector al cual se ingresa a un cuadro. Los estudios realizados por Mercedes Gaffron (“Right and left in picture”, 1950) sostienen que el sector izquierdo de un cuadro es el más fuerte, y por el cual se ingresa.
Por el contrario, Lorenzo Vilches dice que “no parece que se pueda universalizar un recorrido de la lectura literal sobre la imagen. Esta lectura es más bien discontínua, con detenciones, vueltas atrás, vacilaciones, que el lector realiza constantemente sobre la superficie visual” (“La lectura de la imagen”, Paidós, 1983).
Centro de interés
El centro de interés es la figura alrededor de la cual gravitan los demás elementos de la composición y armonizan con la misma. Es el protagonista de la imagen.
Una fotografía debe tener un único centro de interés, porque de lo contrario la percepción se dispersa. Ese centro es el que dicta el imperativo, concentra en sí mismo al tema. La carencia de un centro de interés -que no se debe confundir con el tema, que implica la totalidad del plano visual- provoca que una obra pueda pasar inadvertida.
El ejemplo más simple de centro de interés está dado por los ojos en un retrato. Es la figura, dentro de un conjunto armónico, que primero llama la atención del observador, y una de las recomendaciones más comunes que se hace a quien se inicia en fotografía es que debe poner el foco con precisión en los ojos. Deducimos que ese centro debe estar enfatizado, como condición básica, por la máxima nitidez en la superficie de la fotografía.
En la fotografía de personas, el centro de interés no es excluyente en los ojos: las manos, detalles en la vestimenta, y hasta elementos aleatorios como puede ser un instrumento musical, pueden ser también esos centros.
Pero al margen de la intención del fotógrafo, existen razones de orden cultural e individual (estructura sicológica, experiencias personales, etc.) que dimensionan ese centro de interés.
En “La Chambre claire”, el último texto de Roland Barthes (publicado en 1979, poco tiempo antes de su muerte) el autor reflexiona sobre lo que define como “puntos sensibles”, “esas heridas” a las que es llevado por un interés humano: el studium. “Por medio del studium me intereso por muchas fotografías, ya sea porque las recibo como testimonios políticos, ya sea porque las saboreo como cuadros históricos buenos: pues es culturalmente (esta connotación está presente en el studium) como participo de los rostros, de los aspectos, de los gestos, de los decorados, de las acciones”.
Agrega que “el segundo elemento viene a dividir (o escandir) el studium... en latín existe una palabra para designar esa herida, este pinchazo, esta marca hecha con un instrumento puntiagudo... y lo llamaré punctum, pues es también pinchazo, agujerito, pequeña mancha, pequeño corte, y también casualidad”.
Pero el aporte hecho por Barthes consiste en liberar al centro de interés de la intención del fotógrafo (“operator” en su teminología) y trasladarlo al observador (“spectator”), estableciendo una relación diferente en la que la fotografía adquiere una nueva dinámica.



Yao Minga dijo
me parece a mi o hay cambios en el diseño del blog. La verdad me gusta y está muy cómodo para seguirlo. Felicitaciones por lo completo que és. Saludos desde Mundo Yao Minga. Bueno el tema propuesto en este post. Para uno que lo hace de aficionado, está bueno ver esto.
11 Marzo 2007 | 03:22 PM